Ayer tuve un pequeño problema en casa. Ya sé que va a sonar a guasa, pero así son las cosas.
Últimamente no me preocupo demasiado de colocar las estanterías del estudio con un orden determinado, simplemente sé en qué estante están los libros de informática, en cual los CDs y DVDs, en cual otro las novelas, etc. Pero no los coloco con un orden determinado dentro de los mismos como hacía antes. Esto provoca que, a veces, tarde más de la cuenta en encontrar algo, pero me da cierta sensación de libertad (liberación, más bien) y me agrada esa especie de caos dentro del orden. Reminiscencias de mi época hippy; o, al menos, eso me gusta creer.
Pero, parece ser, que a los diversos elementos que a la sazón se encuentran en dichas estanterías no les gusta mi nuevo modo de enfocar las cosas. Y esto parece molestarle principalmente a los CDs de música. Pienso, aunque no es más que una suposición, que al no estar ahora colocados por estilos y dentro de éstos por orden alfabético, algunos de ellos, sobretodo los clásicos de jazz, han empezado a sentirse molestos con sus adlateres y decidido que no está bien que los empareje con, valga como ejemplo, uno de Tom Jones. También he llegado a pensar, es otra posibilidad, que se sientan menospreciados por el hecho de que las pocas veces que los utilizo es para pasarlos al disco duro y convertirlos en MP3. Todo esto pensando con lo que a mi me parece la lógica más lógica, si se me permite la barbaridad de decirlo así. Pero claro…, vete tu a saber.
De todos modos ya había notado yo en más de una ocasión últimamente que cuando iba a sacar alguno de ellos para ponerlos en el reproductor o en el PC, me encontraba con algunos otros tirados (en posición horizontal) o, incluso, con la caja abierta y el CD propiamente dicho, asomando por la abertura. No le había dado demasiada importancia, pues como he dicho antes estoy en una etapa de, permitanme la palabreja (si es que existe), “deconstrucción” (como las tortillas de Adria Ferrá) y procuro no fijarme demasiado en minucias de ese tipo.
Sin embargo, lo de ayer lo habría notado aunque hubiera estado totalmente “deconstruido“. No se pueden imaginar el estrépito que se armó de repente. Yo me encontraba en la cocina comiéndome un buen trozo de tortilla de patata y cebolla ( totalmente construida, que es como a mi me gustan) cuando sonó un ruido sordo en el estudio. Algún libro que se ha caído, pensé. Y seguí dándole a la tortilla. No habían pasado treinta segundos cuando sonó otro golpe sordo y más fuerte que el anterior. La perra, conjeturé, se ha quedado encerrada y la está liando. Me levanté con la malsana intención de echarle una buena bronca al malcriado can y abrí la puerta del estudio. Lo que mis ojos vieron me dejó estupefacto: No había señal alguna de la perra, pero el suelo se encontraba lleno de libros que, al parecer, se habían caído de uno de los estantes. ¡Joder!, dije en voz alta, y me dirigí hacia ellos para recogerlos. Craso error. No había acabado de dar el primer paso cuando un CD de John Coltrane (Blue Train, para más señas) salió disparado de su estante y su trayectoria apuntó directamente a mi cabeza. Me ladeé como pude y recibí el impacto en el hombro derecho. El CD hizo una pirueta seguida de un picado hacia el techo y antes de llegar a tocarlo hizo un bucle, se equilibró y picó otra vez hacia abajo apuntándome entre ceja y ceja . Me lancé al suelo en plan salida de natación , pero al estar distraído con John Coltrane, no vi venir, casi en vuelo rasante, a Dizzy Gillespie (For musicians only) que impactó justo debajo de mi oreja derecha. Me revolqué por el suelo por táctica defensiva y, más que nada, por el dolor, pero aun así, no puede esquivar el impacto en mi rodilla del kamikaze en que se había convertido John Coltrane. Intenté meterme debajo de la mesa mientras pensaba a toda prisa como encarar la situación. Pero al mirar en dirección a la estantería, vi como varios CDs más, incluido “Love Songs” de Diana Krall (lo que no sé por qué, me sorprendió bastante y me pareció una abyecta traición), se colocaban en formación de ataque en V y describiendo una bonita trayectoria en forma de media luna se aprestaban a atacarme en masa. Me moví un poco hacia mi izquierda y recordé que en la pared de ese lado de la habitación tenía colgada una vieja raqueta de tenis que alguno de mis amigos se había dejado en casa tiempo ha. Salí de debajo de la mesa y me levanté lo más rápido que pude. La maniobra parece que despistó a la formación atacante y me dio unos segundos que fueron suficientes para poder estirar el brazo y descolgar la susodicha raqueta. Una vez tuve el mango de la misma en la mano, mi primera intención fue liarme a raquetazos con los CDs y acabar con aquel raid, pero cuando estaba empezando a hacer un elegante movimineto de revés para acabar con la escuadrilla, por encima de mi cabeza volaron en dirección a los atacantes dos de los vinilos que se encontraban en el estante superior y que posiblemente debido a su tamaño y superior capacidad de daño, pusieron inmediatamente en fuga a los agresores.(Desde que lo oi por primera vez, el doble LP de los conciertos del Fillmore East de Allman Brothers ha sido uno de mis discos favoritos, pero desde ese momento ya no solo son mis ídolos musicales, sino, además, mis héroes) Viendo que desde mi izquierda acudían tambien en mi ayuda un par de libros de Edgar Alan Poe y dándome cuenta de que se producía una especie de impass en la batalla, salté agilmente al centro de la habitación, driblé a Horace Silver y su “Song for my father”, recogí a toda velocidad el portátil y salí a echando leches de la habitación. Cerré la puerta, respiré hondo varias veces y si no hubiera sido por el dolor en el cuello y la rodilla, hubiera pensado que estaba completamente loco.
A día de hoy sigo sin entrar en la habitación, porque cada vez que pongo la mano en el pomo de la puerta para abrirla, empiezan los ruidos y los golpes. He dejado una nota que he metido por debajo de la misma en espera de que firmen el armisticio y prometiéndole a todos que volveré a ser cuidadoso con la colocación y a los CDs que los escucharé en vez de utilizar el MP3.
Espero y deseo que surta efecto para que mi vida (o lo que sea) pueda volver a la normalidad.
Salud.