El cuento de la (mclaren) lechera

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Erase una vez que se era…….. tranlará, larí, loró.

Que en el bosque oscuro y sombrío de Woking, en la nublada Albión, habitaba un señor feudal cuyo nombre: Ron El Terrible, era temido y odiado hasta por alguno de sus vasallos.

Llevaba el hombre ocho años sin llevarse una conquista a la boca, cuando se le ocurrió, después de mucho pensarlo pues a él nunca le gustaron “los latinos” por haraganes y despreocupados, según palabras propias, que si se aliaba con un caballero español llamado Fernando y apellidado Alonso, quizás tendría la oportunidad de recuperar la vieja gloria. Dicho y hecho, la alianza se cerró y llegó el tiempo de las batallas. Mas cuando todos pensaban que el general que comandaría los ejércitos que habían de ser vencedores fuera el caballero español, a Ron El Terrible no se le ocurrió mejor idea que darle aquellos buenos ejércitos que el español había entrenado y pertrechado, a un advenedizo inglés de nombre Lewis y de apellido Hamilton. Tras las primeras escaramuzas y, quizás, para equilibrar la lucha con su archienemigo, el noble italiano Ferrari, repartió el mando entre el ilustre Fernando y el advenedizo Lewis. Así Fernando ganó alguna batalla (con enfado del novel) en la tierra de otro de sus enemigos: el conde de Renault. Henchido por estos triunfos y azuzado por los clanes y voceros ingleses, el pérfido Ron creyó (mal ojo el suyo) que podía ganar la guerra. Prescindió entonces de la sabiduría y experiencia del español para confiar sus tropas de élite al novel inglés, al que Ron había criado desde niño.

Se sucedieron unos cuantos éxitos hasta que el español, harto de ser perjudicado por las insidias del inglés, decidió dejar de entrenar las tropas. Entonces el pérfido Ron culpó a Fernando de traer la desgracia a su castillo acusándolo de ser el causante de que hubieran cogido a sus espías en tierras italianas. Pero en su soberbia no entendía que el doble error era suyo. 1) Mandar espías 2) Mandar a malos espías que se dejaron cazar.

Desde ese momento las tropas de élite del inglés, con grandes dosis de fortuna, empezaron a dar una de cal y otra de arena. Pero aun así, Ron siguió mandando los mejores pertrechos al ejército dirigido por el novato en detrimento del ejército del español.

Y llegó la hora de la batalla definitiva. Los italianos trabajando como un solo hombre se aprestaron a la batalla con las tropas bien armadas y la intendencia bien dispuesta. Los ingleses, por el contrario, con las tropas divididas y desequilibradas y con la intendencia mal dispuesta. La primera escaramuza resultó desigual, pues la élite del inglés, mal dirigida, acabó deshecha en la tierra y sólo la contundente actuación del general español salvó las posibilidades de ganar la guerra. Sin embargo, la soberbia llevó al maquiavélico Ron a encarar la última y definitiva escaramuza con la misma táctica errónea. El advenedizo no supo conducir sus tropas a la victoria y a pesar de que el caballero español luchó magníficamente y se batió como un honorable paladín, no pudo llegar a tiempo al rescate pues su caballería estaba agotada y mal armada.

El pérfido Ron, derrotado, desarmado y vilipendiado, aun intentó, aduciendo ayudas mágicas de otros contendientes, que anularan la victoria del señor de Ferrari. Pero esta vez nadie le creyó.

Moraleja: Más vale bueno conocido que malo y desconocido.

Descansa en paz Ron, te mandaría un buen “Ribera del Duero” para que ahogaras tus penas, pero sería desperdiciar un buen caldo en un mal buche. Además, esta temporada se llevará el “chianti“.

Ciao.

~ por Antonio Payán en Octubre 22, 2007.

2 comentarios to “El cuento de la (mclaren) lechera”

  1. La subjetividad siempre lleva a la inventiva, y esta a los cuentos y fábulas. Raikonen campeón, Hamilton segundo y Alonso tercero. La temporada es larga y al final equilibra, y en este equilibrio Alonso ha sido el peor de los tres, a pesar de luchar con valentía y honor. Eso sí, tendrá más guerras para demostrar todo lo que en este país se escribe y dice de él, pues si fuera la tinta y la saliba de los españoles lo que corriera, y no los motores, Alonso ganaría siempre fácilmente.

  2. Supongo que si fuera la tinta y la saliba de los británicos, Hamilton hubiera ganado por goleada. Las diferentes perspectivas dan una visión más global de las cosas. Aquí, como cuando haces un degradado de blanco a negro, habrá un montón de grises que estarán más cerca del matiz real. Pero mientras tanto tu defiendes un extremo y yo el otro. Alguien dijo que de la “discusión” sale la luz ¿no?.

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