Misterios caseros

Tengo la certeza de que vivimos en un mundo del que no entendemos absolutamente nada. Inventamos, o eso creemos, cantidad de artilugios que aparentemente nos ayudan a hacer la vida más fácil  (eso cuando no dedicamos todo nuestro ingenio ¿? a fabricar armas cada vez más potentes y sofisticadas). Qué ilusos.
Las casas, poco a poco, se están convirtiendo en refugio de decenas de aparatos que funcionan con energía eléctrica. Es decir, su sistema vital es el mismo, por lo que puede considerarse que pertenecen a la misma especie. Una especie que estamos haciendo evolucionar cada vez más: ordenadores que hacen multitud de tareas, frigoríficos inteligentes, placas de cocina autolimpiables, hornos que cocinan solos, etc. ¿No será que empiezan a tener vida propia? Si no, como explicar algunos sucesos.
Hay en casa una lavadora normal (comprada en una tienda normal y pagada, como ya es norma, mediante una operación electrónica con una tarjeta de banda magnética), o eso creía yo. Me explicaré:
Un par de veces a la semana abro la puerta de la lavadora, introduzco en el tambor la ropa que quiero lavar, la cierro y selecciono el programa adecuado. Hasta aquí sin problemas. Pulso el botón “start” (manía de poner todo en inglés, como si el castellano careciera de las palabras correspondientes) y comienza lo que se llama “ciclo de lavado”. También normal. Acaba el ciclo mencionado y empieza “el centrifugado”. Cuando acaba éste y la máquina parece que reposa en tranquila paz, vuelvo a abrir el tambor y comienzo a sacar la ropa previamente introducida hasta llegar a los calcetines. Y aquí empiezan los problemas: Si he puesto tres pares, es decir seis calcetines, encuentro cinco. Si he puesto ocho, encuentro siete. Siempre hay un par que se queda en la mitad. ¿Por qué?. No lo sé y por más que se lo pregunto a la lavadora, obtengo la callada por respuesta.
Modestamente creo que los hechos ocurren durante el “centrifugado”. Puede que se cree una especie de vórtice que se cobra, a modo de sacrificio o peaje, un calcetín por lavado, enviándolo, a través de sabe dios que extrañas dimensiones, a la morada de los calcetines centrifugados (¿serán más felices allí?). Pero me intriga una cosa: ¿por qué sólo se lleva calcetines?. Por qué no pantalones, o sábanas, o camisetas, o calzoncillos. No, siempre calcetines. Lo que me lleva a pensar que debe de existir una relación entre el centrifugado y los calcetines. Pero, ¿cual es la relación?, dónde está y en qué consiste. No lo he averiguado aun y como intuyo que no seré capaz de resolver el problema por mi mismo, a no ser que se me presente en sueños uno de los desaparecidos y me lo explique (cosa no descartable), he enviado al ITM (Instituto Tecnológico de Massachussets), que allí son muy listos, un “correo electrónico” en el que les explico el caso y les ruego encarecidamente que traten de buscarle una solución. Les he indicado, para que no haya errores, la marca y modelo de mi lavadora y me he puesto a su disposición, por si fuera menester, incluso para enviarles la mía propia.
Espero, y ruego por ello, que el mal no se contagie, porque imagínense ustedes al frigorífico tragándose mis yogures, o al horno quedándose con el muslo del pollo (que es lo que más me gusta), al microondas pulverizando cualquier cosa que pongas dentro, o a la televisión repitiendo constantemente conciertos de Alaska y Los Pegamoides (¡horror!). No quiero ni pensarlo.
Que tengan un buen día.

~ por Antonio Payán en Abril 23, 2009.

2 comentarios to “Misterios caseros”

  1. imaginate cuando la cama nos trague a nosotros…

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