Bueno, pues aquí estamos. Hemos llegado al año 2007 y el mundo sigue yendo de mal en peor.
Recuerdo que cuando era joven veía el cambio de milenio casi como una cosa mágica. En aquellos años 60 en los que nos parecía que todo podía cambiarse (a mejor), pensábamos que al llegar el año 2000 el mundo estaría en paz, que la tecnología se aplicaría al desarrollo de ideas constructivas, que las enfermedades serían poco más que recuerdos del pasado, que, como nos adelantaron A. C. Clarke y Kubrick en 2001 Odisea Espacial, incluso habríamos descubierto que alguien más habita en el espacio y que habríamos contactado con ellos. En fin, que éste planeta rebosaría felicidad por los cuatro costados.
Pero…, el ser humano no tiene remedio. Repite una y otra vez los errores del pasado con el valor añadido de que cada vez es más fácil deshacerse de grandes cantidades de otros seres humanos y con el agravante de que por repetitivo cada vez nos afecta menos.
Estamos en manos de descerebrados que sólo quieren tener poder (económico o político) y que piensan, como decía F. Herbert que “el poder derriba todas las barreras, incluida la de su propia ignorancia“. Pero no es así, sino que duplican la misma: Son ignorantes integrales y, además, ignoran, conscientemente en éste caso, los efectos que provocan en el resto de la humanidad. Adormecen nuestra conciencia bombardeándonos con productos que aparentemente nos hacen felices, pero que no sirven para nada, excepto para que ellos consigan su propósito que no es otro que hacernos olvidar que el gran negocio de la guerra debe continuar.
La mediocridad y el mal estilo se han impuesto, no sólo como moda, sino como “canon” máximo al que debemos aspirar, pues si no lo hacemos así estaremos al margen (bendito margen en éste caso). Nos crean ídolos artificiales (cineastas, deportistas, cantantes, etc.) que no aguantan ni la más pequeña comparación con lo que debería ser un modelo social. Nos ensucian la mente con una TV que es basura. De la prensa y los que en ella opinan, salvo alguna honrosa excepción, mejor no hablar. Y mientras, medio mundo se muere de hambre. Sólo con el valor de lo que el “primer mundo” tira a la basura, se daría de comer al “tercer mundo”. Pero ese mundo (perdón por la redundancia) que por lejano se nos antoja irreal, existe y está ahí mucho más cerca de lo que querríamos. Pero, parece ser que es mejor cerrar los ojos, los oídos y el cerebro.
¡Qué asco! Me mataron las ilusiones.


